El Castellar, la corrida de toros y el Parador

En abril del año 1615 una familia pobre, la de Domingo de Castro, compuesta por su mujer, Catalina Martínez Escudero, su hijastra, fruto de un primer matrimonio de ella, y sus dos hijos, son acusados de hurtar frutos de las tierras de los vecinos de La Mota del Cuervo. Un molinero, Miguel Sánchez de las Eras, es uno de los principales testigos del caso y dice que les ha visto, en varias ocasiones, con uvas, aceitunas y melones que no son suyos, ya que no disponen de viñas y olivares de donde poderlos tomar.

En su declaración como testigo, decía como había visto un domingo venir al pueblo a la hija, Catalina Adán, y a Juan, otro hijo, con dos cargas de uva, mientras se celebraba una fiesta de toros que se corrió el año pasado de 1614.

Y en espeçial el año pasado este testigo bido de traer dos cargos de uvas, a la dicha Catalina Adán y Joan, su hermano, mientras una fiesta de toros que se corría en esta villa

En La Mota se celebraba “el correr los toros” desde, probablemente, la Edad Media. Se corrían dos toros en la Plaza del Toril o del Coso, actual Plaza Cervantes, por una promesa y voto que hizo todo el pueblo para conmemorar la aparición del Arcángel San Miguel el día 8 de mayo, patrón del pueblo y bajo cuya advocación está la iglesia parroquial. Las corridas de toros en La Mota fueron prohibidas por un breve de Su Santidad Pablo IV, en el cuarto año de su pontificado, escrito en latín desde la Sacra Penitenciaría de Roma, a 16 de las calendas de marzo (17 de marzo de 1559), liberaba al pueblo de los votos que había hecho, al mismo tiempo que ponía como penitencia celebrar 50 misas, cada año, por las Ánimas del Purgatorio.

Sorprende mucho esta noticia que en 1614 todavía se corrieran los toros, es evidente que no obedecieron el breve del Papa que pretendía perseguir, principalmente, a los clérigos, pues tenían gran afición a esta fiesta, ya que no tenían pudor en subirse la sotana y correr como alma que lleva el diablo delante de los morlacos; más aún, cuando se estableció la prohibición se vestían de paisano, como un pechero más, y se infiltraban entre los mozos para participar en la fiesta. No se tomaron medidas drásticas, el propio rey Felipe II amaba asistir al correr de toros, lo que no tuvo inconveniente de manifestar en numerosas ocasiones, incluso por escrito en cartas oficiales.

Sigue declarando el testigo para confesar que, hace dos años, el año de 1613, un domingo cuando todo el mundo asistía a misa, toda la familia se dirigió fuera del pueblo por el Camino del Castellar; para ver lo que iban a hacer se escondió en una esquina del Parador de Felipe Sánchez y estuvo allí todo el tiempo que duró la misa. Cuando regresaron pudo observar que traían más de un almud de aceituna, el equivalente a media fanega.

Y, ansí mismo, aora dos años, este testigo vido como un domingo mientras misa, el dicho Domingo de Castro, su muger y hixos fueron a El Castellar, térmyno desta villa, y hasta que salieron de misa truxeron más de un almud de açeytuna, lo qual vido este testigo por vista de oxos, porque de yndustria desde que los bido salir, se estuvo en la esquina del Parador de Felipe Sánchez hasta que volbieron con la dicha açeytuna

Es gratificante comprobar como nuestros topónimos se han conservado a través de los siglos, pues a comienzos del siglo XVII ya existía El Castellar. Desde mi punto de vista, es un topónimo de Mota del Cuervo que debe de proceder de la Edad Media. Según el RAE, castellar es un campo donde hay o hubo un castillo, por consiguiente, no hay que ser un lince para adivinar que allí debió de existir una torre o castillo fuerte, quizás auxiliar de la gran fortaleza que hubo en el paraje de la Sierra de Mota del Cuervo y que formaría parte de la línea de fortalezas que defendían la Mancha Santiaguista. Posteriormente, sobre sus ruinas, se edificaría la ermita homónima, de la que actualmente solo quedan sus ruinas.

Nuestro testigo, para observar lo que hace toda la familia, se esconde en la esquina de un edificio muy singular al que llaman Parador de Felipe Sánchez, es decir una posada o mesón que estaba justamente en las afueras del pueblo, por donde pasarían caminantes y carretas. Si se fijan Vds. en una vista actual del Camino del Castellar, comparado con su situación en ese siglo, se puede comprobar que comenzaba en el lugar donde se situaba ese parador, que coincide en la actualidad con el Hostal Plaza. Podemos, por tanto, afirmar que siempre existió allí un mesón para dar cobijo y alimentar a los viajeros que pasaban por Mota del Cuervo. Debo añadir que por esas fechas también existió otro mesón en la Plaza Pública del pueblo, junto al ayuntamiento, el llamado Mesón del Hidalgo que existió en su mismo lugar de la plaza hasta bien entrado el pasado siglo.

 
Camino del Castellar y el Parador de Felipe Sánchez sobre una vista aérea de Google Earth

El Camino del Castellar llegaba antiguamente hasta la CN 301, la antigua carretera Madrid-Alicante, comenzaba a la altura del Hostal Plaza, donde estaban las últimas casas del pueblo. En ese punto concreto nos dice el manuscrito que estaba el Parador de Felipe Sánchez, es decir, un parador o mesón para atender a los viajeros que recorrían ese camino, el antiguo camino que desde la Corte llegaba hasta Valencia.

Allí siempre debió de existir un mesón, es por eso que el actual Hostal Plaza es el continuador de esa saga de posaderos de la Mancha Santiaguista que guardan esa tradición desde los tiempos de don Quijote.

Mapa de 1886 del IGN

Y, ansí mismo, en espeçial bido un domingo mientras misa que el dicho Domyngo, y su muger, y Joan su hixo, avrá tres años, poco más o menos, que les bido venir de haçia el Castellar, cada uno con una çesta de uvas.

Y, ansí mismo, ha visto y sabe que los susodichos, de tres años a esta parte, an hecho pasas y arrope sin tener viñas, como dicho tiene. Todo lo qual este testigo tiene por çierto que lo hayan hurtado

Otro de los dulces que se elaboraba en la Mancha Santiaguista desde antiguo. El arrope se obtiene mediante cocción del mosto hasta que adquiere consistencia de jarabe espeso, se le puede añadir trozos de fruta cocida; se utiliza en la elaboración de conservas y como condimento de nata y frutas. Es una forma de hacer dulce sin que contenga azúcar. Hay que hacer notar la antigua tradición en la Mancha Santiaguista de elaborar los productos derivados del mosto como el arrope y el mostillo, además de hacer uvas pasas colgando los racimos y dejándolos secar al aire.

Estas historias y muchas más se cuentan en mi próximo libro pendiente de publicación: Los hurtos de la ermita de Santa Ana. No dejen de comprarlo, por poco dinero tienen un pedazo de nuestra historia y ayudan a la Asociación de Amigos por la Historia de Mota del Cuervo a difundir la historia de nuestro pueblo y de toda la Mancha Santiaguista.

3 comentarios en “El Castellar, la corrida de toros y el Parador

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